Vamos a ver algunos hechos básicos, que todos sabemos, pero que vale la pena recordar, ya que arrojan significado. Y esto nos interesa.

Primero que la luna no tiene luz propia, la refleja del Sol. Es por este motivo que en relación a la posición entre ambos, desde la Tierra vamos a ver una luna creciente, una luna llena, etc. Segundo recordar que la luna gira alrededor de la tierra (tarda unos 29,5 días) y esto la convierte en el único satélite natural del planeta en que vivimos. Vale la pena prestarle atención.

Los lenguajes simbólicos siempre relacionan la luna con el mundo emocional. Acuoso y algo misterioso. Pues la luna se refiere a la vida nocturna. Rige aquello que está escondido y que no soportaría una luz directa. Reina de lo húmedo y de lo blando. De lo que aún no está preparado para brillar. La luna habla de nuestras respuestas instintivas, de nuestro “software” de serie y, por lo tanto, nos cuenta cuál es el lugar donde nos sentimos más cómodos y protegidos. La luna es la protección y el protegido, nuestra guarida. El huevo es luna y también lo es el útero, las cuevas son luna, los brazos de la madre son luna y también lo es la cuna. La luna es nuestro espacio de confort y cuidado. Donde ir para estar a salvo, pero dónde no nos podemos quedar a vivir si queremos crecer.

La luna es ambigua. En el cielo vemos sus fases. cada día distinta. La luna es esto y lo contrario, es inicio y es fin, es crecer y es menguar. Pero también sabemos con certeza que todo lo que hemos visto va a repetirse. De aquí que se relacione con los patrones aprendidos en nuestra niñez. La luna es el ejemplo más bello y simple de cualquier proceso cíclico.

Hay mucho por contar sobre la luna y sobre cómo podemos trabajar con su símbolo. Podemos empezar mirando el cielo.