From Ficción

El hombre que cae

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Veo por la ventana un hombre colgado de un cable en el edificio de enfrente. Lleva un casco naranja, una faja llena de herramientas, un cubo lleno de algo. Está reparando la fachada. Está sentado encima de un tablero de madera. Parece un columpio.

Lo miro mientras tomo el café y por un momento imagino que cae. No es difícil visualizarlo, lo he visto en las películas. Imagino que cae y me viene a la cabeza el número 112 y luego imagino que la chica del teléfono me pregunta la dirección y que no se decirle el número de la calle “Pero es una calle muy corta”, le digo.

Me pregunto si después de la llamada saldría corriendo de casa o si primero miraría por la terraza para ver el panorama, la caída, si hay sangre. Seguro que habría sangre. Y pienso si después iría a trabajar. Si ver un hombre cayendo de un edificio es motivo para que me ausente del trabajo. Creo que no. Entonces me imagino que estoy en mi trabajo pensando en el incidente de la mañana.

Sigo mirando el hombre colgado, observando el vaivén de su columpio, como se mece mientras pule la pared con una lija. Me lo imagino cayendo, otra vez. Y pienso que si cayera de verdad, empezaría a creer que tengo poderes mentales. Esto sí me daría miedo.

Aparto la vista, me digo que “mirarlo me hace sufrir”.